¿A quién sirve realmente el servidor?

19/05/2010

En Internet, el software propietario no es el único modo de perder la libertad. El software como Servicio es otra forma de entregar a alguien poder sobre nuestros datos.

Antecedentes: Cómo nos arrebata la libertad el software propietario

La tecnología digital puede darnos libertad; pero también puede arrebatárnosla. La primera amenaza para el control que tenemos sobre nuestros datos vino del software propietario: los programas que los usuarios no pueden controlar porque los controla su dueño (una empresa como Apple o Microsoft). El titular suele aprovecharse de este poder desigual insertando elementos maliciosos como programas espía, puertas traseras («back doors») o Gestión de Restricciones Digitales (DRM, Digital Restrictions Management) (a la que en su propaganda denominan «Digital Rights Management», Gestión de Derechos Digitales).

La solución para este problema es desarrollar software libre y rechazar el software propietario. El software libre significa que nosotros, como usuarios, gozamos de cuatro libertades esenciales: (1) manejar el programa como deseemos, (2) analizar y modificar el código fuente para que haga lo que nosotros ueramos, (3) redistribuir copias fieles del programa original y (4) redistribuir copias de las versiones modificadas. (Véase la definición de software libre.)

Con el software libre nosotros, los usuarios, recuperamos el control sobre nuestros datos. El software propietario sigue existiendo, pero podemos eliminarlo de nuestra vida, y muchos ya lo hemos hecho. Sin embargo, ahora se cierne sobre nuestros datos una nueva amenaza. El software como Servicio. Por el bien de nuestra libertad, también debemos que rechazarlo.

Cómo nos arrebata la libertad el software como Servicio

El software como Servicio (SaaS, Software as a Service) significa que alguien configura un servidor de una red con programas que llevan a cabo determinadas tareas informáticas (gestionar hojas de cálculo, procesar textos, traducir un texto a otra lengua, etc.) y luego invita a los usuarios a realizar esas labores en ese servidor. Los usuarios envían la información al servidor, que ejecuta las operaciones con los datos suministrados y les devuelve directamente a ellos los resultados o el fruto de las tareas realizadas.

Estos servidores despojan del control a los usuarios de un modo aún más inevitable que el software propietario. Con el software propietario los usuarios suelen recibir un programa ejecutable, pero no el código fuente. Eso dificulta a quienes saben de programación estudiar el código con el que está hecho, de modo que es difícil determinar qué hace en realidad el programa, y complicado modificarlo.

Con el SaaS los usuarios ni siquiera reciben el programa ejecutable: está alojado en el servidor, donde los usuarios no pueden verlo ni acceder a él. Por tanto, les resulta imposible determinar qué hace en realidad, y muy difícil cambiarlo

Además, el SaaS desemboca automáticamente en consecuencias perniciosas equivalentes a las prestaciones maliciosas de determinado software propietario. Por ejemplo, algunos programas propietarios son programas espía: envían información sobre la actividad informática de los usuarios. Microsoft Windows envía información a Microsoft sobre las actividades de los usuarios. Windows Media Player y RealPlayer informan de lo que los usuarios ven o escuchan.

A diferencia del software propietario, el SaaS no requiere un código oculto para obtener los datos del usuario. Por el contrario, son los usuarios quienes, para utilizarlo, deben remitir la información al servidor. El resultado es idéntico al de los programas espía: el gestor del servidor obtiene la información. Y la obtiene sin ningún esfuerzo adicional, por la propia naturaleza del SaaS.

Algunos programas propietarios maltratan a los usuarios mediante un sistema de control remoto. Por ejemplo, Windows tiene una puerta trasera con la que Microsoft puede modificar a la fuerza determinado software del equipo. El lector de libros digitales de Amazon, Kindle (cuyo nombre, que en inglés significa «prender» o «encender», hace pensar que está concebido para quemar los libros de las personas) tiene una puerta trasera orwelliana que Amazon utilizó en 2009 para borrar por control remoto las copias para Kindle de los libros de Orwell 1984 y Rebelión en la granja que los usuarios habían adquirido en Amazon.

El SaaS otorga intrínsecamente al gestor del servidor poder para cambiar el software que se utiliza o manipular los datos del usuario. Una vez más, no es necesario ningún código especial para hacerlo.

Por tanto, el SaaS equivale al programa espía por antonomasia, es una puerta trasera abierta de par en par y otorga injustamente al gestor del servidor poder sobre el usuario. No podemos aceptarlo.

Desenredar el problema del SaaS del problema del software propietario

El SaaS y el software propietario desembocan en situaciones perniciosas de similar naturaleza, pero los mecanismos causales son distintos. En el caso del software propietario, el origen reside en que disponemos de una copia del programa que es difícil o ilegal alterar, y la utilizamos. En el del SaaS, la causa es que utilizamos una copia de un programa que no tenemos.

Ambos asuntos suelen confundirse, y no sólo de forma involuntaria. Quienes desarrollan Internet utilizan el término vago de «aplicación web» para referirse tanto al software de un servidor como a los programas que se ejecutan en su nuestro equipo, en nuestro navegador. Algunas páginas web instalan temporalmente en nuestro navegador sin informarnos programas de JavaScript nada triviales o incluso muy voluminosos. Cuando estos programas JavaScript no son libres, son tan nocivos como cualquier otro software no gratuito. Sin embargo, aquí topamos con el problema del propio software del servidor.

Muchos defensores del software libre presuponen que el problema del SaaS se resolverá desarrollando software libre para los servidores. Por el bien del gestor del servidor, sería mejor que sus programas fueran libres; si son propietarios, sus titulares tendrán poder sobre el servidor. Es injusto para el gestor y no nos ayuda en absoluto. Pero si los programas del servidor son libres, no nos libramos de los efectos del SaaS como usuarios del servidor, pues otorgan libertad al gestor, pero no a nosotros.

Liberar el código fuente del software del servidor beneficia a la comunidad: los usuarios convenientemente entrenados pueden configurar servidores similares, quizá modificando el software. Pero ninguno de esos servidores nos dará el control sobre las operaciones que hacemos en él, a menos que sea nuestro. El resto sería todo SaaS. El SaaS siempre nos somete al poder del gestor del servidor, y la única solución es… ¡no utilizar el Saas! No utilicemos el servidor de otro para hacer nuestras tareas informáticas suministrándole información.

Distinguir el SaaS de otro tipo de Servicios en red

¿Condenar el SaaS significa rechazar también todos los servidores de red? En absoluto. La mayoría de los servidores no plantean este problema, pues las tareas que realizamos con ellos no afectan a la información que suministramos salvo en un sentido muy trivial.

El propósito original de los servidores web no era realizar labores informáticas para nosotros, sino hacer pública información con el fin de que accediéramos a ella. Eso es lo que hacen incluso hoy día casi todos los sitios web sin plantear el problema del SaaS, ya que acceder a la información hecha pública por otro no consiste en realizar ningún tipo de operación informática. Tampoco lo es hacer públicos nuestros materiales a través de un sitio de blogs o un servicio de microblogs como Twitter. Eso mismo puede decirse para las comunicaciones no privadas, como las de los grupos. Las redes sociales pueden incurrir en el SaaS; sin embargo, su razón de ser es precisamente un mecanismo de comunicación y publicación, no de SaaS. Si utilizamos el servicio para retocar aspectos de edición menores de aquello que vamos a comunicar, el problema no es importante.

Los servicios como los motores de búsqueda recogen información de toda la red y nos permiten examinarla. Buscar entre la recopilación de información que nos ofrece no es realizar labores informáticas propiamente dichas en el sentido habitual (no hemos sido nosotros quienes hemos suministrado la información), de modo que utilizar un servicio de esta naturaleza para buscar en la web no es SaaS. (Sin embargo, utilizar el motor de búsqueda de alguien para implantar una prestación de búsqueda en nuestro sitio web sí es SaaS.)

El comercio electrónico no es SaaS, pues la tarea informática no es exclusivamente nuestra; más bien, la hacemos en colaboración con un tercero. De modo que no hay razón particular por la que esperemos controlar la operación en exclusiva. Lo peliagudo del comercio electrónico es si confiamos a ese tercero nuestro dinero y nuestros datos personales.

Utilizar servidores para un proyecto conjunto no es Saas, ya que la tarea informática que realizamos con ello no es nuestra personalmente. Por ejemplo, si editamos páginas en Wikipedia no estamos haciendo una tarea informática propia ni ofreciendo información personal; más bien, estamos colaborando con la labor informática de Wikipedia.

Wikipedia controla sus servidores, pero los grupos pueden encontrarse con el problema del SaaS si realizan sus actividades en servidores ajenos. Por fortuna, desarrollar sitios para alojar a otros como Savannah o Sourceforge no plantea el problema del SaaS, ya que lo que los grupos hacen allí es en esencia exponer publicaciones y emitir comunicaciones públicas, no sus archivos informáticos privados.

Los juegos entre varios jugadores son una actividad de grupo que se desarrollan en el servidor de un tercero, lo que los convierte en SaaS. Pero cuando la información que se expone es únicamente el estado del juego y la puntuación, lo máximo que un gestor malintencionado podría hacer es favorecer a algún jugador. También podemos ignorar ese riesgo, ya que parece improbable y hay muy poco en juego. Por el contrario, cuando el juego se convierte en algo más que un juego, la cosa cambia.

¿Qué servicios online son Saas? Google Docs es un ejemplo claro. Su actividad esencial es editar textos, y Google anima a las personas a que lo utilicen para elaborar sus documentos personales; eso es SaaS. Ofrece la ventaja añadida de se puede trabajar con otro en ello, pero añadir participantes no altera el hecho de que editar en el servidor es SaaS. (Además, Google Docs es inaceptable porque instala en los navegadores de los usuarios un voluminoso programa de JavaScript no libre.) Si utilizar un servicio para comunicarse o cooperar exige realizar también con él partes sustanciales de nuestra propia tarea informática, ese tipo de actividad informática es SaaS, aun cuando la mera comunicación no lo sea.

Algunos sitios web ofrecen servicios múltiples, y aunque alguno no sea Saas, tal vez otro sí. Por ejemplo, el servicio principal que presta Facebook es el de redes sociales, y eso no es SaaS; sin embargo, sirve de soporte para aplicaciones de terceros, algunas de las cuales pueden ser SaaS. El principal servicio de Flickr es distribuir fotografías, que no es SaaS, pero también ofrece prestaciones para editar fotos, que sí lo es.

Algunos sitios web cuyo principal servicio es la publicación de documentos y la comunicación lo amplían con la «gestión de contactos»: almacenar y registrar las personas con quienes tenemos relación. Enviar correo electrónico a esas personas no es SaaS, pero guardar un registro de nuestras conversaciones con ellos, si interesan, sí es SaaS.

Si un servicio no es SaaS no quiere decir que esté bien. Hay otras cosas perniciosas que puede hacer un servicio. Por ejemplo, Facebook distribuye imágenes de video mediante Flash, lo que ejerce presión sobre los usuarios para que utilicen un software no libre, y les transmite una impresión falsa de privacidad. Estos también son asuntos importantes, pero el objeto de este artículo es la cuestión del SaaS.

La industria de las tecnologías de la información no favorece que los usuarios tengan en cuenta estas distinciones. Para eso sirve la «computación en nube», un concepto de moda. El término es tan nebuloso que podría referirse casi a cualquier utilización de Internet. El término incluye el SaaS y casi todo lo demás, de manera que no sirve más que para prestarse a generalizaciones inútiles.

El significado real de «computación en nube» es propiciar que nos despreocupemos de nuestros datos y tareas informáticas. Dice: «No hagas preguntas, simplemente confía en cualquier cosa sin vacilar. No te preocupes por quién controla tus tareas ni quien almacena tus datos. No compruebes si nuestro servicio esconde un anzuelo antes de haberlo mordido». En otras palabras: «piensa como un bobo». Por eso prefiero evitar ese concepto.

Abordar el problema del SaaS

Sólo una pequeña parte del conjunto de sitios web hace SaaS; la mayoría no plantean este problema. Pero, ¿qué debemos hacer con los que sí lo plantean?

Para el simple caso en el que estemos haciendo un tratamiento de información propia y por nosotros mismos, la solución es sencilla: utilicemos una copia de una aplicación de software libre. Editemos nuestros textos con nuestra propia copia de un programa de edición libre como GNU Emacs, o con un procesador de textos libre. Editemos nuestras fotografías con nuestra copia de un software libre como GIMP.

¿Pero qué pasa cuando trabajamos en colaboración con otras personas? Hoy día tal vez resulte difícil hacerlo sin utilizar un servidor. Si utilizamos uno, no confiemos en un servidor gestionado por una empresa privada. Un mero contrato de cliente no es protección suficiente, a menos que podamos detectar una infracción y denunciarla de verdad, para lo que la empresa seguramente redacta los contratos de forma que les permitan cometer un amplio abanico de abusos. La policía puede citar judicialmente a la empresa para que le suministre datos sobre nosotros con menos fundamento del que nos exige a nosotros para citarlos a ellos como acusados; eso suponiendo que la empresa no trabaje ya de forma voluntaria para ellos, como hicieron las compañías telefónicas estadounidenses que pincharon los teléfonos de sus clientes cuando se lo pidió Bush. Si tenemos que utilizar un servidor, usemos uno cuyos gestores nos ofrezcan unos motivos para confiar que trasciendan la mera relación comercial.

Sin embargo, a más largo plazo podemos crear alternativas a la utilización de servidores. Por ejemplo, podemos crear un programa P2P mediante el cual los colaboradores puedan compartir datos encriptados. La comunidad del software libre debería desarrollar distribuciones sustitutivas P2P para «aplicaciones web» importantes. Quizá sea prudente lanzarlas bajo la Licencia Pública General de Affero, derivada de GNU, puesto que son candidatos adecuados para que alguien acabe convirtiéndolos en programas alojados en servidores. El proyecto GNU busca voluntarios para trabajar en este tipo de sustitutivos. También invitamos a otros proyectos de software libre a tener en cuenta este aspecto en su diseño.

Mientras tanto, si una empresa nos invita a utilizar su servidor para almacenar datos o realizar tareas informáticas, no cedamos; no utilicemos el SaaS. A menos que vayamos a utilizarlos con nuestro propio servidor, no compremos ni instalemos «clientes livianos», pues no son más que unos ordenadores tan endebles que nos obligan a hacer el trabajo de verdad en un servidor. Utilicemos un ordenador de verdad y almacenemos en él la información. Por el bien de nuestra libertad, trabajemos con nuestra propia copia de un programa libre.

Richard Stallman.

GNU Operating System.

Fuente: http://www.gnu.org/philosophy/who-does-that-server-really-serve.html


Libre y ¿gratuito?

09/05/2010

El hecho de que en inglés “libre” y “gratuito” se expresen por la misma palabra (“free”) suele provocar confusión respecto a Internet, el software y por extensión la cultura: el movimiento por el software libre reivindica su libre distribución, no que sea gratuito. No objeta que alguien quiera vender un soporte informático conteniendo programas de software libre: su único problema será encontrar alguien que lo compre. Eso sí, quien lo compre podrá también distribuirlo libremente. Y venderlo, si puede.

Y lo mismo ocurre con la cultura y la información en general: no reinvindicamos su gratuidad, sino su libertad. De hecho, lo que reivindicamos es, como le será grato al camarada Julio Anguita, simplemente la aplicación del artículo 19 de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Y la cuestión es que en el momento en que un producto cultural se digitaliza se convierte pura y simplemente en información, en última instancia en una sucesión de unos y ceros. Por lo que el derecho a difundirlo resulta amparado por dicho artículo. La referencia a “cualquier medio de expresión” incluye, naturalmente, a Internet, por mucho que Internet no existiera cuando la ONU lo aprobó. Y la pretensión de utilizar una “propiedad” llamada “intelectual” para impedirlo significa una vulneración directa de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU. Precisemos: alguien puede “poseer” físicamente un cuadro o un vinilo, pero no debe aceptarse la “posesión” de una sucesión de unos y ceros, es decir, de su contenido de información, para obstaculizar la libre difusión de una imagen o de una sucesión de sonidos.

Insistimos, por tanto: lo que reivindicamos es una cultura libre, no una cultura gratuita. La gratuidad será, en todo caso, un efecto colateral de la libertad de distribución, de la facilidad de compartir contenidos culturales a través de Internet. Pero lo que no es de recibo es que para intentar impedir la gratuidad se pretenda prohibir la libertad. La actuación inteligente y razonable para intentar vender productos culturales es vincularles un valor añadido, como es el asesoramiento y actualizaciones en el caso del software, o extras impresos en el caso de un CD. Sin olvidar que, en última instancia, la libre distribución de la cultura es un apoyo para su desmercantilización, y apunta a una sociedad no capitalista ni mercantilista.

En esa dirección, los poderes públicos deben garantizar el libre acceso a Internet y a la educación en todos sus niveles. Naturalmente, tanto Internet como la educación tienen un coste, y por tanto no son “gratuitos” para la sociedad en su conjunto. Pero tanto la educación como el acceso a Internet deben establecerse como derechos humanos generales, asegurando por tanto su “gratuidad” para todas las personas, sin olvidarse de que dicha “gratuidad” sólo es posible en la medida en que su coste sea asumido colectivamente por la sociedad.

Esa, naturalmente, ha de ser nuestra apuesta, sin escuchar los cantos de sirena de quienes se rasgan las vestiduras ante la “amenaza” de la gratuidad de la cultura.

Rafael Pla López.


ACTA: las amenazas para el software libre.

07/05/2010

Hoy, con la primera exposición pública del ACTA, los efectos que este acuerdo internacional producirá sobre el software libre parecen poner en peligro su desarrollo y distribución. En primer lugar, porque amplía enormemente el catálogo de violaciones de la ley y delitos penales contra la «propiedad intelectual», incluyendo las patentes de software . En segundo lugar, porque desestabiliza los medios de distribución más importantes del software libre, que se basa en una plataforma abierta y neutral en la que los servicios a través de Internet no están concebidos para vigilar si se quebrantan los «derechos de propiedad intelectual» (incluidas las patentes). En tercer lugar, porque refuerza la protección de la Gestión de Restricciones Digitales (DRM, Digital Restrictions Management) en contra del software libre y la competencia sana.

A primera hora de hoy mismo, la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea ha hecho pública la primera versión del Acuerdo Comercial contra la Piratería (en formato pdf) , conocido como ACTA por sus siglas en inglés (Anti-Counterfeiting Trade Agreement). Sin embargo el documento no aporta detalles sobre las negociaciones, que arrancaron en secreto en octubre de 2007. No me voy a ocupar aquí de los perjuicios políticos que el ACTA causa sobre el respeto a la democracia, ni de las catastróficas consecuencias que tendrá directamente sobre la libertad de expresión, el derecho a la intimidad y la sostenibilidad del ecosistema de Internet como plataforma abierta, neutral e innovadora.

Más bien quisiera centrarme en las amenazas directas e indirectas que representa el ACTA para el software libre, tanto sobre su desarrollo y su viabilidad legal como sobre los aspectos relacionados con su industria y comercio.

Para empezar, pongamos las cosas claras. El ACTA no se ocupa sólo de la piratería, tiene mucho mayor alcance que la propiedad intelectual. El alcance del ACTA, tal como se define en el documento público, es que la propiedad intelectual se refiere a todas las categorías de propiedad intelectual de las que se ocupan las secciones 1 a 7 de la Segunda Parte del Acuerdo Sobre Aspectos Comerciales de los Derechos de Propiedad Intelectual.

Ello incluye el copyright , las marcas comerciales, el diseño industrial y las patentes. Aunque en esta definición quede claro, a lo largo de todo el texto se alude a veces, únicamente, al copyright y las marcas comerciales, y otras a un abanico más amplio de actividades, en función de cuál sea la evolución de las negociaciones con el paso del tiempo. En este caso sabemos que las amenazas para el software libre son muchas debido a las patentes de software que concede cada año la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos (USPTO, US Patent and Trademark Office), y a que los patrones de concesión de licencias vinculadas a las patentes son incompatibles con el software libre. (Para saber más acerca de las patentes de software en el ACTA, léase End Software Patents .)

Luego, el ACTA no es un acuerdo comercial. Pese a lo que afirmen los negociadores de la UE, lo cierto es que el ACTA trasciende la legislación vigente y pretende armonizar la normativa internacional con el fin de reforzar los «derechos de propiedad intelectual».Éste es uno de los motivos por los que el ACTA está creando su propio organismo (el Comité) con sus propios directivos (la Secretaría), al margen de la Organización Mundial del Comercio, en cuyo seno se deberían negociar los acuerdos comerciales, y con independencia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, bajo cuyo amparo se suelen negociar ( con la participación de ONG como FSFE ) los tratados internacionales relativos al copyright , las marcas comerciales y las patentes. La amenaza contra el software libre consiste en que no hay ningún tipo de garantía sobre de qué modo se van a preservar el principio de libertad y el derecho a compartir software.

Lo que está haciendo el ACTA es crear mecanismos de seguridad civiles que deterioran el desarrollo y la distribución de software libre . En realidad, ese es el otro efecto colateral de la modificación de las autoridades judiciales y los procedimientos civiles relacionados con el «derecho de propiedad intelectual». El software libre es un hito importante para una Internet abierta y neutral, y la propia Internet es, a su vez, un instrumento central para el desarrollo de software libre: en el caso del desarrollo, permitiendo a los creadores que participen del código y creen programas en todo el mundo; y, para la distribución, mediante servicios online , a través de múltiples protocolos como, entre otros, el P2P o intercambio entre iguales. El conjunto del sistema se ve amenazado por el ACTA con medidas y propuestas como las siguientes:

impedir que los productos ilegales [que violan algún derecho de propiedad intelectual, incluida la patente] ingresen en los canales comerciales

[…] mandamiento judicial contra los intermediarios cuyos servicios utilizan terceros para quebrantar un derecho de propiedad intelectual…

Este tipo de medidas supone un riesgo para los proveedores de servicios a través de Internet y los servicios de páginas web, pues los responsabiliza de las infracciones y los insta a vigilar, filtrar, controlar y censurar los servicios que prestan, tareas que siempre ha quedado demostrado que merman los estímulos para innovar, realizar ajustes y cambios y desmontar cosas, requisitos necesarios para el desarrollo de software libre. Además, el ACTA promueve el desarrollo de relaciones de apoyo mutuo entre proveedores de servicios de Internet y titulares de derechos para abordar con eficacia asuntos relacionados con las patentes, el diseño industrial, las marcas comerciales y el copyright , o las violaciones de derechos relacionadas con todo lo anterior que se realicen a través de Internet…

… lo que en sí mismo constituye un peligro para la neutralidad de la red, porque aumenta la concentración entre proveedores de servicios de Internet, operadores y titulares de derechos, pero también representa una amenaza para el software libre, pues los principales medios de distribución quedan bajo control, apoyados por titulares de derechos entre los que se encuentran los de patentes de software .

Más allá de estos mecanismos, el ACTA llega donde se proponía la Directiva IPRED2 de la UE : a la responsabilidad penal de actividades que incluyen la «incitación, colaboración e inducción». Como es lógico, todo esto afecta a la «Responsabilidad Tecnológica de la Propiedad Intelectual en el Entorno Digital», lo que amplía el alcance de la IPRED.

Es más, el blanco a batir es el propio software libre, y no sólo los medios a través de los que se distribuye:

Lo anterior será de aplicación a: […] la fabricación, importación o circulación de una [tecnología], servicio, dispositivo, producto, [componente o parte del mismo, es decir: [comercializado] diseñado principalmente o elaborado con la intención de sortear una medida tecnológica efectiva; o que no tiene otra finalidad o uso principal limitados comercialmente distintos del de sortear una medida tecnológica efectiva.]

Por último, el ACTA pone en peligro al software libre protegiendo la Gestión de Restricciones Digitales y proponiendo remedios civiles a la eliminación o modificación de dicha gestión, o la distribución, importación para distribución, emisión, comunicación o puesta a disposición del público de copias de obras, entendiéndose que la información de la gestión de derechos electrónicos ha sido suprimida o modificada sin autorización.

El ACTA no sólo representa una amenaza directa e indirecta para el software libre, es también un importante paso atrás pensado para socavar la libertad y construir un enfoque de la «propiedad intelectual» que perjudique la tarea de compartir el conocimiento y los valores del software libre mediante la promoción de la cultura de la propiedad intelectual […]

Para apoyar los esfuerzos de los países en vías de desarrollo para la implantación del Acuerdo y la integración de medidas contra la piratería en las estrategias de desarrollo nacional.

Pincha aquí si quieres ayudar a correr la voz sobre el ACTA o realizar comentarios sobre le documento presentado ).

Fuente: Hugo’s blog.


Copyright para la creatividad. Una declaración para Europa.

06/05/2010

“La capacidad de la humanidad para generar nuevas ideas y conocimiento es su mayor riqueza. Es la fuente del arte, la ciencia, la innovación y el desarrollo económico”. Carta de Adelphi

El desarrollo de las nuevas tecnologías que sustentan la economía del conocimiento exige una revisión del acervo de los derechos de autor. Juntos tenemos que crear más incentivos para maximizar la creatividad, la innovación, la educación y el acceso a la cultura, y asegurar la competitividad en Europa.

Derechos exclusivos estimulan la inversión y la producción de bienes en los ámbitos de la cultura y el conocimiento. Al mismo tiempo, las excepciones (*) a estos derechos crean un sistema equilibrado que permite la utilización de las obras creativas para apoyar la innovación, la creación, la competencia y el interés público. Las excepciones bien diseñadas pueden servir para lograr los objetivos fundamentales: asegurar que los creadores tengan acceso a los incentivos y recompensas que necesariamente motivan el acto de creación, mientras que se fomenta ‘reutilizaciones’ creativas que beneficien al público.

Mientras que los derechos exclusivos se han adaptado y armonizado para afrontar los retos de la economía del conocimiento, las excepciones a los derechos de autor siguen en radical contradicción con las necesidades de la sociedad de la información moderna. La falta de armonización de las excepciones a estas normas impide la circulación de los bienes y servicios del conocimiento por toda Europa. La falta de flexibilidad dentro del régimen actual de excepciones europeas nos impide adaptarnos a la evolución constante del entorno tecnológico.

Europa necesita un sistema de excepciones flexible, armonizado y equilibrado, a la altura de las necesidades de la economía del conocimiento del siglo XXI. La Comisión Europea dio un primer paso con la publicación del Libro Verde sobre los “Derechos de Autor en la Economía del Conocimiento”. Los firmantes de la presente carta piden que la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y los Estados miembros tomen en cuenta esta declaración y participen en la política y el establecimiento de normas sobre las excepciones de derecho de autor. En particular, se piden:

Excepciones armonizadas, aplicables en toda Europa. Los derechos de autor regulan el flujo de consumidores, así como productos del conocimiento en el mercado único. Para los ciudadanos y la industria europea la armonización de las excepciones a estas normas es un paso necesario para facilitar el comercio entre Estados miembros y salvaguardar la igualdad de los europeos ante la ley.

Actuar como un incentivo a la innovación : Las nuevas tecnologías permiten ampliar “el acceso de los usuarios a vastas cantidades de conocimientos y de contenido. Las excepciones a los derechos de autor deben apoyarse en el desarrollo y la utilización de estos servicios innovadores, además de la capacidad de mejora del “acceso de los usuarios a los contenidos europeos”.

Apoyar la creatividad del usuario y fomentar la participación : Internet ha permitido que los ciudadanos pasaran de ser consumidores pasivos a creadores de cultura activa y participativa. Los usuarios individuales participan cada vez más en el desarrollo del contenido y la creación de conocimiento. El marco de derechos de autor europeo debe reflejar esta nueva interactividad que fomenta la creatividad, la diversidad cultural y la expresión personal.

Salvaguardar el acceso de todos los europeos: Las excepciones que se crean deben tomar en consideración la protección de los derechos de los creadores y asegurar que éstos gozan de la suficiente protección sin llegar a impedir que el público pueda acceder a los conocimientos y contenidos disponibles. Este tema es especialmente importante en la medida en que se tratan las personas con discapacidades, quienes se apoyan en las posibilidades prestadas por las nuevas tecnologías.

Apoyo a la educación y la investigación: Las nuevas tecnologías de información y comunicación ofrecen nuevas formas de colaboración para desarrollar y compartir materiales educativos y de investigación. Las excepciones a los derechos de autor que facilitan la tecnología utilizada para la investigación y la educación impulsa la ciencia y el aprendizaje -y por tanto la economía del conocimiento- hacia adelante de manera exponencial.

Facilitar la conservación y el archivo: La digitalización de contenidos permite ofrecer nuevas oportunidades no sólo para preservar, sino también ampliar el acceso a los conocimientos de Europa, el patrimonio cultural de largo alcance y los beneficios a largo término, de manera amplia para la sociedad en su conjunto. El marco de derechos de autor debe ser compatible con estos principios.

Garantizar la regulación de los derechos de monopolio en la Red: Limitaciones y excepciones contrarrestan la falta de competencia que se crea por la concesión de derechos de monopolio a través de los derechos de autor. Debemos garantizar la regulación de estos derechos de monopolio, con el fin de proteger la creatividad y la innovación.

Promover estos principios en los debates internacionales: Los principios y objetivos aquí presentados deberían de ser aplicados no sólo a los europeos, sino a todas las personas. Estos principios deberían motivar todos los debates y negociaciones sobre estos temas en los cuales la UE desempeñe un papel.

Nota:

* El derecho de autor otorga un derecho exclusivo a los creadores de regular y controlar el uso de su obra. Limitaciones y excepciones balanzan el derecho de monopolio del creador para el beneficio del interés público (por ejemplo, para promover la educación y el aprendizaje, el apoyo de la prensa libre, frente al fracaso de mercado, etc).