Ministerio de Cultura sugiere cobrar por obras CC a las entidades de gestión.

El Ministerio de Cultura ha recomendado a las entidades de gestión de propiedad intelectual que hagan valer su función como abanderados de los derechos de autor, incluso en referencia a aquellos contenidos creados bajo la etiqueta Creative Commons.

En un informe que analiza el momento actual del libro electrónico publicado por El Observatorio de la Lectura y el Libro, organismo vinculado con el ministerio, se subraya “la obligación por Ley de que las entidades de gestión de derechos hagan efectivos los derechos de remuneración aún en el caso de que el autor decidida regalar su obra o no cobrar”.

El texto alienta, en este sentido, a vigilar la posible pérdida de control que pueden acarrear las obras al ser difundidas masivamente bajo el sello Creative Commons.

Observamos que en efecto esto es algo que viene así en la ley lo que nos muestra, ni más ni menos, lo lejos que está la Ley de Propiedad Intelectual de la realidad y la urgente necesidad de reforma para acercarla, aunque sólo sea un poco, a la realidad científica y medible que supone el creciente uso de obras Creative Commons entre cada día más creadores.

No soy abogado pero hay cosas que caen por su propio peso y que apunto a continuación:

1.- Los que usamos licencias Creative Commons no sentimos, como legítimos autores, que la copia privada o cualquier otro tipo de copia nos cause perjuicio económico alguno. Es más, entendemos que la propia copia nos enriquece y aumenta nuestras posibilidades de obtener y generar riqueza de y para la sociedad. El simple concepto de que tenga que existir una compensación cuando científicamente se demuestra que el daño sólo es posible en determinados modelos de negocio, debería ser retirado. Es más, estas compensaciones, no hacen sino entorpecer la difusión de la cultura.

2.- Dice la ley que como autor no puedo renunciar a la remuneración por compensación (derecho patrimonial irrenunciable). Creo que como autor e individuo maduro y en plena posesión de mis facultades mentales tengo que poder no querer dicha anacrónica compensación ideada en una visión analógica y mercantilista de la creación. Esta redacción de la ley es simplemente insultante y por eso exijo que sea modificada sin más dilación. Si quiero renuncio y no tengo nada más que explicar. Ninguna entidad, aquí declaro, tiene autorización mía activa o pasiva a recaudar cantidad alguna sin mi expresa autorización y me da igual lo que la ley diga. Si la ley es injusta, prefiero la cárcel a que recolecten en mi nombre.

3.- La perversión de la ley. Supongamos que admitimos que la SGAE ha de poder recaudar de las obras licenciadas con Creative Commons. Veremos, sin demasiada sorpresa, que la SGAE no permite que sus asociados usen dichas licencias. Según la ley la asociación a estas entidades no es obligatoria, pero es que en los términos de los contratos que obliga la SGAE firmar se prohibe el empleo de dichas licencias luego jamás podríamos reclamar ese dinero pues tenemos que afiliarnos a ella para cobrar las cantidades (otras entidades no obligan a estar afiliados como CEDRO). Esto significa que sí o sí, la SGAE tiene que recaudar pero al mismo tiempo sus cláusulas de contrato y la redacción de la ley produce que sea no o no que como autores podamos recibir esos importes. ¿Nadie ve lo perverso de la situación? ¿Es eso defender a los autores? Honestamente, no nadie con un mínimo de integridad y vergüenza puede sostener que así sea.

4.- Las entidades tienen que ser totalmente efectivas. No recuerdo el punto de la ley, pero tengo entendido, y que me corrijan los abogados, que las entidades de gestión tienen que cumplir ciertos requisitos para seguir siéndolo, y es que tengan capacidad de ser efectivas identificando todas las obras, usos, y repartiendo con la máxima diligencia. Bueno, eso simplemente ya no es posible. Los autores estamos viendo que existe otra forma de gestionar nuestros propios derechos sin necesidad de SGAEs. Si no queremos compensación por copia privada, podemos optar por muchísimas otras opciones más respetuosas con la cultura y la creatividad. El caso es que las entidades de gestión deberían sólo gestionar los derechos colectivos de exclusivamente las obras que estén en su catálogo y no las demás. Esa es la cuestión.

Conclusión. La Ley de Propiedad Intelectual trata a los autores como niños incapaces de tomar sus decisiones y vive en un siglo, el XIX (ni siquiera el XX ya) en el que la visión analógica era la imperante. Ya en su día los derechos de autor como hoy los entendemos fueron muy cuestionados, sobre todo los patrimoniales, y en el entorno digital incipiente e Internet, la aplicación de las leyes de Propiedad Intelectual y Copyright son una perversión que crea problemas donde no los hay. Sólo faltaba que ahora los que optamos por licencias Copyleft y otras Creative Commons tengamos que estar forzados a usar modelos de ver la creación sencillamente falaces.

También se insta en el documento a adoptar “medidas normativas para crear un procedimiento que corrija las actuales deficiencias en torno a regulación relativa a la difusión de obras protegidas a través de redes P2P y páginas web” y a impulsar barreras como los DRM.

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