¿Qué tiene que ver Software Libre con educación?

Los ordenadores están pasando a formar parte a ser herramienta del sistema educativo. Una vez que se haya asentado el polvo levantado por los profetas de la panacea electrónica, que pretenden resolver dificultades estructurales del sistema educativo saturándolo de procesadores, podremos ver, sobriamente, que los ordenadores tiene aplicaciones útiles en el aula, como las tienen el libro y el mapa.

Cuando encaramos la tarea de usar racionalmente recursos informáticos como parte de la experiencia de aprendizaje, hay un aspecto del ordenador que merece especial atención por parte de los profesores y educadores: el software.

Hay quienes creen que el rol de la escuela es formar para el trabajo y la universidad. Si esto es así, si la misión de la escuela es entrenar trabajadores sumisos y baratos para mejorar la rentabilidad de las empresas, entonces no importa qué software usemos. Pero si la idea es educar a ciudadanos libres, conscientes de sus derechos y responsabilidades, capaces de cuestionar la verdad establecida, de apreciar el arte, de imaginar el mundo que desean y aportar a su concreción, entonces es ineludible usar Software Libre: programas que los estudiantes, profesores y educadores pueden usar, estudiar, modificar y distribuir a su antojo.

Software para todos y todas.

Las escuelas que están comenzando a usar ordenadores como herramienta educativa a menudo se encuentran con un obstáculo insalvable: si bien es posible conseguir (en virtud de cuestionables acuerdos entre Ministerio de Educación y empresas monopólicas) licencias de algunos programas a bajo costo, las licencias de programas avanzados como servidores, bases de datos, ofimática, procesamiento de imágenes, audio y video y muchos otros están fuera del poder adquisitivo de las escuelas.

Alguna de ellas, ante la imposibilidad de comprar las licencias, prefieren incluso violar la ley antes que privar a los estudiantes del uso de los programas, lo que conforma un mensaje actitudinal al menos cuestionable.

Estas escuelas pueden escapar a la disyuntiva, y ayudar a sus estudiantes a hacer lo mismo, usando Software Libre: hay una enorme colección de programas libres que pueden ser usados para infinidad de aplicaciones, sin más trámite que tomar la decisión de hacerlo. Sin compras, licitaciones, acuerdos de confidencialidad, ni compromiso de evitar que los estudiantes copien los programas. Todo lo contrario: el Software Libre está allí precisamente para que todos y todas lo usen sin ataduras, lo copien, lo lleven a sus casas, lo instalen en donde quieran.

En lugar de servir de guardián de los intereses de una empresa, comprometiéndose a impedir la copia de los programas, la escuela recupera el rol de difusor de conocimiento a la comunidad, puede convertirse en el lugar de referencia donde la comunidad comparte programas, conocimiento y experiencia.

¡Viva la curiosidad!

No todos los estudiantes desean convertirse en programadores, de la misma manera que pocos de ellos se dedicarán a la literatura, o a la matemática, la pintura o la música. Aún así, parte de la misión de la escuela es exponer a los niños a estas artes, para estimular su curiosidad, para ayudarlos a descubrir el mundo que los rodea, para darles los rudimentos básicos para desempeñarse en sociedad.

El software no debe quedar al margen de este llamado a la curiosidad: cada vez que un estudiante desea aprender cómo funcionan los programas, la escuela debe alentarlo y apoyarlo en esa inquietud. Cuando esta llega a convertirse en habilidad, la escuela debe aprovecharla y difundirla, como hace con las virtudes artísticas de sus estudiantes en actos y eventos comunitarios.

El Software Libre es un espacio fértil de estudio y experimentación, en el que no hay límites arbitrarios: cada uno puede elegir por sí mismo cuánto quiere aprender sobre los programas, limitado solamente por su propia capacidad y dedicación. Miles de programas de los que aprender, miles de oportunidades mediante las que participar, desde la misma escuela, en la construcción comunitaria más grande de la que tiene registro la humanidad.

Si los programas que la escuela usa no son libres, en cambio, la escuela se encuentra nuevamente en una situación delicada: las licencias de los programas prohíben expresamente estudiar su funcionamiento, ni hablar de modificarlo. Aquellos estudiantes que den señas de curiosidad sobre el funcionamiento de los programas deberán ser reprimidos, con la indignante explicación de que no tienen derecho a adquirir el saber al que aspiran.

Una nueva técnica cultural.

Imaginemos una clase de ciencias naturales en la que los estudiantes reciben una caja negra inviolable que, cuando se le aporta agua, hace germinar una semilla que no se ve, produciendo el tallo de una planta mediante un proceso que permanecerá por siempre misterioso.
Imaginemos una clase de matemáticas en la que el docente explica el concepto de la división, y enseña a usar una calculadora, pero no puede enseñar a dividir números grandes porque el mecanismo es un secreto con aplicaciones industriales.

Imaginemos una clase de literatura en la que los estudiantes debieran darse por satisfechos con que el docente les contara el argumento de un libro, porque el análisis literario está prohibido para evitar la posibilidad de que alguien utilice los mismos elementos de estilo, o una estructura narrativa similar.

Estos ejemplos, aparentemente absurdos, reflejan exactamente lo que la escuela hace cuando pide al estudiante que use programas no libres: lo expone a conocimiento, al mismo tiempo que le niega la posibilidad de adquirirlo.

La construcción de programas de computadora es la técnica cultural de la Era Digital. Como la matemática, la escritura, la pintura, la música, la construcción de programas es un modo de expresión cultural, que nuestra sociedad debe hacer propio. En este sentido, el rol de la escuela debe ser facilitar a los estudiantes descubrir estas artes, y ayudarlos a dar los primeros pasos.

Un estudiante que no conoce al menos los rudimentos de la composición de textos, que nunca intentó usar pincel y témpera, que no debió hacer al menos el esfuerzo de aprender una melodía simple en un instrumento musical, que no ha experimentado, en suma, con las técnicas de comunicación humana, está en pobres condiciones para desempeñarse como miembro pleno de la sociedad. En un mundo en el que cada vez más aspectos de la vida humana están mediados por dispositivos controlados por software, una persona que jamás intentó plasmar una solución algorítmica a un problema simple será tan analfabeta como lo es hoy alguien que no conoce las operaciones elementales de la aritmética.

La escuela necesita Software Libre.

Una escuela que usa software en el aula, necesita Software Libre. Lo necesita por respeto a sus estudiantes, para no coartar su libertad de aprender, para alentar su curiosidad, para fomentar su creatividad, para permitirles hacer suya una forma de expresión cultural esencial de su época.

Para entrenar, cualquier programa sirve. Para educar, sólo Software Libre.

Fuente: Federratas

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